El nacimiento de Celitzin.

La pieza nació de un proceso mental surgido del concepto mismo del festival. Al pensar en cine, cultura y vida, he encontrado un gran número de símbolos representativos. Sin embargo, en esta ocasión, me he dejado llevar por la idea de partir desde el origen mismo del festival: México, es decir por la “cultura” y la “vida” del mexicano, y es desde este razonamiento que me encuentro de frente con las culturas prehispánicas, donde se encuentra la esencia de nuestra vida y cultura y en más por la cultura azteca que logro abarcar (por no decir colonizar) gran parte del territorio nacional. A mi consideración es este uno de los símbolos más representativos de la cultura y de la vida misma de nosotros que nos consideramos mexicanos: Quetzalcóatl. Sigo reflexionando sobre el simbolismo propio del Dios: aquel que llegaría desde mundos lejanos a salvar a la población, ese dios que en cada equinoccio desciende hacia nosotros con su gran mensaje de luz y esperanza a darnos energía y purificación.
En determinado momento en medio de un sin número de reflexiones he llegado a pensar en el transcurso de la historia y en las diferentes formas que ha tenido el hombre para transmitir esas ideas propias o ajenas que no dejan de ser parte de la cultura misma, ya sea el habla, la música, la escritura, las imágenes y en tiempos más cercanos las imágenes en movimiento, lo que me regresa a la idea generadora del festival.
En esta ocasión es el gran quetzal, la misma serpiente emplumada, representante de la ideología que consciente o inconscientemente forma parte de cada uno de nosotros la que nos trae nuevos mensajes en este nuevo idioma a mi parecer demasiado completo que une imagen, voz y corazón.
Es esta la esencia misma del festival, la idea de unir la ideología colectiva con la personal, lo ancestral con lo actual en una serie de historias cortas que pretenden llegar más allá de los ojos, es Cine Cultura y Vida para nuestra Alma, para nuestra Esencia. Celitzin es Esencia, en Náhuatl, y es la representación de todo esto que el Festival de cortometrajes en su segunda emisión nos regala.

Por Montserrat Reyes Márquez